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Revista Internacional de Espiritismo • Março 2019
Fe y buen sentido ¡Dicen qué Cristo salva! ¿Será? ¿De qué manera se da esa salvación?
Octávio Caúmo Serrano
caumo@caumo.com
01/03/2019

Entre las calidades más importantes del hombre de la Tierra, especialmente en este momento apocalíptico, está la fe. La fe que, según la Doctrina de los Espíritus, es resultado del raciocinio. Podemos compararla a la ley de acción y reacción. O siembra y cosecha, que se nos permite sembrar, pero que dará como cosecha la consecuencia de esa plantación. Ni podía ser diferente. En la justicia divina no hay excepciones. Sepamos agradecer por la noche bien dormida y también por haber despertado. Agradezcamos también por el día vivido, por las lecciones aprendidas y por todo bien practicado. Muchos no terminaron el día. Se quedaron por el camino.

En todas las religiones nos dicen que necesitamos tener fe en los Santos, los símbolos, en Jesús o incluso en Dios, como si eso fuese suficiente y todo recibiésemos, independientemente de esfuerzo. Por las redes sociales nos mandan dibujos con bendiciones para nosotros y familia, y aún dicen que si no interrumpimos la corriente tendremos buenas sorpresas; en minutos. Sin embargo, indagamos, ¿Por qué motivo? Que privilegio imaginamos tener nosotros, nuestra familia y nuestros amigos para recibir facilidades ante los percances de la vida, pretendiendo coger lo que nunca plantamos. ¿Recibiremos bendiciones por el simple envío de una figurita? Si fuese verdad sería bueno. El mundo estaría salvo. ¡Ah, humanidad confiada y atrasada! Jesucristo nos enseñó que tendríamos de hacer para que el Cielo nos ayudase. Y con grande misericordia, compensándonos a mil por uno de lo que viniésemos a producir. Pero no dijo a mil por cero. Nunca nos prometió que milagros se caerían del Cielo sin merecerlos.

La Ley de Dios es única para todos los seres y, por lo tanto, no nos trata individualmente. Lo que es cierto en un, es cierto en el otro. Las penalidades delante de los errores de un son iguales a las que punen los errores de otros en idénticas condiciones de discernimiento. No depende de sexo, raza o religión. Dios no hace acepción de personas y, como ya advirtió Jesús, la vara que mide todos los hombres es la misma. Y el criterio también. El bien nos crea méritos y el mal nos retrasa. No es Dios quien nos juzga. Somos juzgados por nuestras propias acciones. Como no es el maestro que nos reprueba; ¡es nuestra incompetencia y desinterés por el aprendizaje!

Cuando oramos a Dios, por nosotros o por los nuestros, imaginamos nuestra plegaria siendo enderezada a un Ser Superior, frente a una inmensa computadora, con super HD y sofisticado programa que nos controla y en el cual cada uno de nosotros es un archivo propio, sea DOC, PDF o algo más sofisticado que aún desconocemos. Y a cada movimiento nuestro, Dios, atento, anota una señal de mérito que nos enaltece o un karma negativo a ser enfrentado aún en esta vida o durante nuestra eternidad espiritual, en momento apropiado. El jugador dice que ganó porque es bendecido por Dios. Imagina que Dios simpatiza con su club y por eso permitió que el otro fuese derrotado. Que tontería. Venció porque tuvo más capacidad o contó con fallos de los mediadores del partido, árbitros que se equivocaron o falsificaron el resultado. Dios no tiene nada con eso.

Recordamos que cierta vez, en 1965, “Dr. Fritz” Espíritu quiso operar Chico Xavier a través del médium no espiritista José Arigó: “Yo te pongo bueno de ese ojo. ¡te hago la cirugía ahora, dijo Arigó!” Chico Xavier le contestó: “No; eso es un reflejo del pasado. Sé que el señor puede arreglar mi ojo. Pero como el compromiso del pasado continuará, va a me aparecer otra enfermedad. Como ya estoy acostumbrado con ésa, yo la prefiero. ¿Por qué yo iría a querer una enfermedad nueva?”

Los Espíritus no están a nuestra disposición para promover curas de enfermedades que no raro necesitan de providencias correctivas para nuestro crecimiento espiritual, lo qué se da por la reparación moral. ¡Por todo eso, es urgente no renunciemos de la precaución! Aunque el exceso en todo sea ruinoso, Kardec endosa nuestra actitud diciendo que “vale más pecar por exceso de prudencia de que por exceso de confianza”.

Chico recibió asistencia de su médico particular hasta desencarnar. Los Espíritus serios no curan cuerpos; curan almas. Cada uno puede curarse con sus propias oraciones y actitudes, sin necesitar encender vela, subir escalones de rodillas, ir a Meca, Medina, Santiago de Compostela, Jerusalén, Vaticano, Templo de Salomón, Fátima, Lourdes, Abadiánia, Juazeiro, Canindé o Aparecida del Norte. Ni a cualquier santuario de cualquier doctrina para dejar allá su paquete de pecados.

Vean lo que está en el texto de Juan, 4:23. Adorar a Dios no depende de un sitio. En la charla con la mujer de la Samaría, Jesús critica la manera como las personas de la época hacían adoración a Dios. Lo importante es adorar a Dios en espíritu y en verdad, y para eso no es necesario un lugar especial. Es en el corazón de todo ser humano que Dios debe ser adorado, y no solamente en un monte o en un templo.

Dios habita en todas las personas que Lo reciben con alegría y hacen de su corazón el altar para Él quedarse. Las personas que adoran el Padre en espíritu y en verdad pueden también usar un lugar para, juntas, fortalecer y renovar su fe. Sin embargo, lo importante es lo que está en el corazón de cada una de ellas y no solamente el lugar. Visitemos esos bellos templos como atracción turística o para orar, pidiendo o agradeciendo, pero no con pagos u ofrendas, que nunca son para Dios.

Antes, sin embargo, se recuerden: nos curamos en la casa mismo. Ore y espere. La cura del cuerpo se da por el saneamiento del alma. Haga el bien que pueda y combata penas y resentimientos, para tener salud. El principal trabajo de Chico fue el alivio a las almas sufridas, la mayoría madres sufridas, y no lo de cuerpos destruidos. El propio Jesús hizo algunas curas en momentos que sirvieron para prestar testimonio del poder de Dios... Fueron pocos “milagros” y muchas predicaciones y consejos. Y en esos casos incluso decía: — Tu fe te curó. Va y no peques más.

Espiritismo no puede ser confundido con curandería. Mismo cuando buscamos el centro en la esperanza de cura de enfermedades físicas, o para aprender sobre el Evangelio a la luz de la Doctrina de los Espíritus, tengamos en miente la regla básica: si hay algún tipo de pago, aunque para la compra de ofrendas, huye. No es Espiritismo.