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Revista Internacional de Espiritismo • Janeiro 2019
Las aflicciones y el porvenir No podemos hilarnos en creencias irracionales e inconsistentes
Octávio Caúmo Serrano
caumo@caumo.com
01/01/2019

Aprendemos por el Evangelio del Cristo y Señor que cada uno recibirá según sus obras. Hacer para que el Cielo nos ayude; a mil por uno. O sea, a ejemplo de la multiplicación de los panes y de los peces hecha por Jesús, nadie multiplica partiendo del cero. Es preciso que haya en cada uno de nosotros un mínimo de esfuerzo para ser aumentado por la misericordia del Cielo. El propio Pedro ya dijo, en su primera epístola, que el amor cubre a la multitud de pecados. Pero es preciso, por lo menos, ¡una gota de amor!

Qué se ve, en términos de divulgación de lo que nos compete para ser felices, no está compatible con las recomendaciones de Jesús. Nos hablan qué es necesario tener fe, sin nos explicar cómo lograrla y vivirla. Nos informan qué si nos afiliamos a determinada doctrina religiosa, pagando por las bondades que anhelamos, seremos inmediatamente atendidos y recompensados. Es un procedimiento tan simplista como declarar extinta la inflación en un país simplemente igualando la moneda nacional a la norteamericana, sin la adopción de medidas que de hecho corrijan la economía. No es necesario decir que, a largo plazo, la equiparación no se sostendrá y traerá terribles consecuencias a su pueblo.

Si las soluciones para salir de la miseria, de la ignorancia y de la maldad fueran tan fáciles, podríamos exportar esa tecnología milagrosa y acabar con los flagelos de la humanidad. Si bastase ser socio o adepto de una iglesia para conquistar la dicha y transformar las personas en criaturas de bien, sería algo fácil de providenciarse. ¡Cada presidio de este país sería transformado en una iglesia y la criminalidad desaparecería!

El hablar manso y hermoso y la simple lectura de capítulos y versículos convenientes de las escrituras sagradas, se constituyen convincentes argumentos para quien guste de vivir en la ilusión. Si leemos atentamente el Evangelio, veremos que Jesucristo nunca nos ofreció la salvación, entendida cómo la conquista de la dicha sin esfuerzo. Qué Él ha dicho y las escrituras reproducen es: “Nadie va al Padre a no ser por mí. Porque yo soy el camino, la verdad y la vida.” O sea, sin seguir sus orientaciones. “Si alguien quiere venir después de mí, que niegue a sí mismo, tome su cruz, día tras día, y me siga.” Lucas 9:23. Nunca prometió cargarnos en sus brazos como dice el mensaje “huellas en la arena”, un sentimentalismo de la poesía musicada.

Siempre que nos ofrezcan facilidades y conquistas sin nuestra efectiva colaboración, desconfiemos. Nada es fácil en este mundo. Nada se transforma en un pase de magia. Cambiar carácter, corregir errores y combatir defectos, librarse de los vicios y matar el hombre viejo para renacer como Paulo al libertarse del viejo Saulo son batallas hercúleas, tareas que ni siempre se concluyen en una única encarnación en mundos de pruebas y expiaciones como es nuestro planeta. Es preciso mucha persistencia para bisoñas conquistas qué nos llevan, incluso a los que conocen, a titubear frente a las dificultades para dar algunos pequeños pasos hacia la frente y hacia el alto.

Los Espíritus ya informaron que hay cuatro etapas para arreglar un error. La primera es reconocerlo. La segunda es el arrepentimiento. La tercera es la retractación, que nos lleva al pedido de disculpas, cuando aún posible. Y el último y definitivo es la reparación, si aún hay tiempo. Si alguna etapa se queda sin solución el rescate no se hará y la pendencia tendrá de ser resuelta por otros medios o con otras personas, que nos impondrán dificultades iguales a las que causamos a los otros. Nadie piense que esto es un castigo. Es renovación del aprendizaje para avanzar en la dirección de mundos más perfectos. El propio Jesús ya nos advirtió que nadie saldría de aquí mientras no quitase hasta el último centavo. Nadie va a una fiesta con ropa desaseada o rota. ¡Y la conquista del reino de los Cielos es para ser festejada con vestimentas apropiadas!

2019 llegó y los próximos trescientos sesenta cinco días y seis horas traerán nuevas oportunidades para que ascendamos algunos escalones en la escalera del perfeccionamiento moral, visando a la conquista de sitios de paz. No adelanta querer penetrar en los mundos superiores, ya dijo Emmanuel, si estamos huérfanos de sintonía con esos lugares. Es cuestión de afinidad. La sintonía y la atracción se dan por los deseos y calidades comunes. Sin choques. Los afines se atraen. Como la parábola de la Vestidura Nupcial: quien no esté adecuadamente vestido, de cuerpo y alma, no puede entrar.

Nunca pierda su fe en la certeza de que Dios, el Padre perfecto, quiere lo mejor para sus hijos. ¡Pero a ejemplo de los padres de la Tierra, muchas veces para educarlos es necesario decirles un sonoro NO! Puede no agradar, pero es lo que debe ser hecho. También Dios, cuando nos contraria lo hace por nuestro bien. Hasta la muerte, tan temida, es una invención de Dios. Luego no puede ser algo malo. Es, como el propio sufrimiento, solamente mal comprendida.

El nuevo mundo está se formando y brevemente los buenos podrán respirar de su aire más perfumado. ¡Paciencia y perseverancia porque los tiempos ya llegaron!

Feliz Año Nuevo.